Hoja Informativa 22 - 08/03/2010 PDF Imprimir E-mail

Manuel Álvarez Díaz (+)

Nace nuestro protagonista en Sama de Langreo, un 5 de mayo de 1958, ingresa en la Academia General Básica de Suboficiales en 1979 y su destino en la Compañía de Operaciones Especiales, marcará de una manera clara su vida. Allí consiguió definitivamente la fusión de sus dos pasiones: el gran amor a la milicia y a la montaña.

      Fue miembro del Grupo de Alta Montaña Español y del Grupo Militar de Alta Montaña. Abrió numerosas vías de escalada en todos los macizos nacionales de altísimo nivel técnico. Escaladas y ascensiones en los Alpes, Karakorum, Norte de América y travesía de todo el continente antártico a pie.

      Fue la suya una trayectoria de esfuerzo, sacrificio  y tesón, donde la solidaridad y el servicio a los demás quedaron suficientemente demostrados. Ahí queda su rescate de la cordada portuguesa en el Naranjo de Bulnes o la salvación del niño atrapado por un incendio en un tercer piso, en el pueblo de el Talarn.

      Su amor a la montaña se convirtió en su verdugo letal. Ahora yace, desde 1996, año de su accidente mortal, en el sitio donde él hubiera querido ser enterrado, en las entrañas de esa montaña celosa de sus enamorados.

 

 

 

 

 “CREER  Y  SOÑAR”
       El Deporte es uno de esos pocos reductos del ser humano donde los sueños hechos realidad, en ocasiones, siguen haciéndonos creer en que el mundo puede ser un lugar mejor. No hablo de sueños fama, dinero, poder… que más bien son pesadillas en las que mostramos tan solo nuestra vanidad y vacío interior. No, hablo de sueños de humanidad.

      A veces hay historias que nos devuelven la fe en la humanidad, que nos recuerdan la trascendencia de los actos de nuestras vidas. Soñemos y creamos a través de esta pequeña historia.

      Corría el año1936 en la ciudad de Berlín. Amén de esvásticas y escenas de teatro del absurdo, algo más se podía admirar en sus calles. Un murmullo de voces y aplausos que, conforme nos acercamos a su estadio olímpico, crecen en intensidad. Son las Olimpiadas, y nadie se las quiere perder y menos hoy. Luz Long, alto, rubio y de ojos azules, orgullo del régimen nazi, preferido de Hitler y su camarilla de locos por la raza, está en la clasificación para la final de salto de longitud. Luz Long no necesita esforzarse demasiado para clasificarse, después de un brillante segundo salto accede sin mayor problema. Un tal Jesse Owens, atleta norteamericano negro, tiene problemas para hacer lo propio. Sus dos primeros saltos han resultados nulos y, nervioso, afronta su último intento, no muy convencido de la actitud de los jueces. Entonces, ante el enmudecido asombro de todo el estadio olímpico, Luz Long se acerca a él, cruza unas breves palabras y se aleja hasta la zona de batida del salto. Unos centímetros antes de la línea de salto coloca su toalla y, ante la atónita mirada del juez, se queda allí.

     Ahora vuelvan la vista al palco de honor, porque si el estadio no da crédito y el juez está más que sorprendido, la cara de un tal Adolf Hitler es de las de “vámonos de aquí, antes de acabar en Treblinka”, por ejemplo.

Owen saltó y el resto se resume si ven el medallero oficial: Final de salto de Berlín 1936 Oro: Jesse Owen. El primero en felicitar al atleta negro fue Luz Long, a la vista de un Hitler con expresión de úlcera estomacal en plena ebullición. Owen siempre recordó este momento y mantuvo una estrecha amistad con Long hasta la muerte de éste en 1943 durante la batalla de San Pietro en Italia, manteniendo permanente contacto con su familia tras el fallecimiento de su “gran amigo”.

Estas son las historias que nos hacen Soñar y Creer.

 (Texto tomado del Cuadernillo de la Entrega  de los Premios Delfos 2007)

 

 

DECÁLOGO DEL DEPORTISTA
8-Al finalizar los encuentros saluda a los contrarios y jueces.